Lo cierto esque aún no sé que tipo de universo hay ahí fuera. He leído miles de historias escritas por tipos que veneran la naturaleza, de esos que se pierden en bares de mala muerte por una copa de whisky calentorra, mientras sus editores les sonsacan la genialidad que ellos mismos nunca tendrán, por ver en su código moral una superioridad clasista en la que el abandono a la bebida es causa de desprestigio y poca honra.
He escuchado, a miles de personas hablar de lo fenomenal que es mi vida: Estudiante de poca monta, fiestera reconocida, descontenta con el mundo y con una tendencia izquierdista que supuestamente, es un puñetero síntoma de la edad. Lo que viene siendo haz nada, que te lo darán todo. Pero mi problema radica en otros términos. Mi saco no se llena de dinero, juergas ni ropajes de esos de niña buena. Lo cierto es que esos terminos no son negociables, los tengo y punto, allí sentados, como materia prima para encajar, cómo si nadie concibiese que todo es mejor con una caja de Alpinos(no sea por capitalismo, sino por calidad del material) una camisa de esas anchas, llena de manchas, un pelo insurgentemente revuelto.
Un saber, que la mejor antítesis a mi antisocial comportamiento es una conversación dinámica, con seres inteligentes que no posean esta mentalidad utópica propia de su similar edad. Realmente poco me importan, tanto Justin Bieber, Carmen de Mairena o de las nuevas tetas que se ha injertado Beyoncé. Realmente, hablenme de un libro que haya leído y no me halla desilusionado, de un cuadro que de verdad haya generado un baibén de asombro en tu cortex cerebral. Hablenme, de una ciudad que les haya gustado, pero no me hablen de su tienda de PRADA, no me hablen de su fiesta. Eso es lo mismo en todas las ciudades, sólo cambia la gente implicada. Que chutes de Dance, Tecno y Pop les he oído en todas partes.
Hablenme de la sensación de correr detrás de algo y no poder atraparlo, de las noches sin dormir maquinando el atestado que dé paso al milagro, de los tarados malvados que me arrebatan la conciencia de mí misma, de los irrelevantes azotes de remordimientos por lo bien hecho, las oportunidades aprovechadas y este vacío en el estómago.
Señores del jurado, soy culpable de sentirme insatisfecha e infeliz, no con lo que me ha tocado rodearme, sino con lo que llevo dentro y me impide afianzarme en el centro.

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