domingo, 3 de julio de 2011

Actualmente, hacerme vieja no está dentro de mis pequeños y poco trazados planes.

Lo mio, son los días largos y las citas improvisadas. Las noches en las que salir de casa es una aventura fascinante. Los días de lluvia y los paseos sin paraguas. Ver los amaneceres en cualquier parque perdido. Buscar estrellas en medio de un botellón. 
Que mi mejor cara sea la de recién levantada, que en el resto del día ya no estoy tan guapa. Y mi coraje, se reduzca a una foto enmarcada, de cuando era una pequeña pirata. Que un camión sea el ingrediente imprescindible para mi felicidad.  No saber escribir correctamente el verbo hechar de menos, por no tener suficiente overbooking en el corazón para eso. 
No creer en dioses por miedo a que se mueran un día de resaca. Que las nubes, sólo están llenas de lluvia. Los cruces de las autopistas serán el camino hacia nunca jamás. Por pensar que soy de esos que nunca miran atrás, pero que siempre tienen presente todos los tropezones de los días pasados. Saber, que la mejor medicina para un catarro es un buen libro y cinco horitas de música. 
Porque creo que mi ambición sólo abarca el precio de una buena tarta de chocolate. 

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