Vivir como si fuese el último día en este planeta no es un capricho.
Es la manera de sonreír, es coser sueños para reutilizarlos como paracaídas. Es el saber que las nubes se alcanzan, pero sólo en unos segundos. No se puede vivir siempre en el limbo.
Cierto, como que no hay fórmula química para los besos. Que los abrazos son eternos.
Que nadie vive para siempre. Que somos el aquí y el ahora, que no merece la pena hacer un planning nuevo. Que podemos pedir por nuestros planes, pero nadie va a escuchar las súplicas. Para vivir, hay que estar 24 horas en primera línea de batalla. Para vivir cualquier zapato nuevo ya tiene la suela gastada. Para vivir, hay que contar con lo malo, con los vuelcos del corazón y con los "yo ya no te quiero".
Hay que vivir en una sonrisa, de comisura a comisura, transparente como una caricia, el viento nos llevará al lugar al que pertenecemos.
Las vueltas que de la vida nos separarán, nos juntarán y nos harán volar, muy pero que muy alto.
Soñar es para la gente de hoy, la manera de vivir.
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