sábado, 13 de agosto de 2011

Felicidad en rebanadas. Como dispensario de buenos momentos, el destino ha establecido su cochecito ambulante a una distancia poco cómoda de donde nos encontramos. El precio de la felicidad es una manzana y un helado de vainilla, paga eso, recibe lo de siempre. ¡Qué pena no poder poseer ninguno estos ingredientes! hoy en día, la competencia de libre mercado me priva de estos elementos, dándome a cambio un buen trago de tequila y miles de noches para gastar sus calorías. Mientras tanto, la felicidad te llega, te rodea, pasa, camina y se lleva en el bolsillo el suspiro de un momento pasado y las pretensiones de un soñador.

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