Existir es muy caro. Genera demasiados daños, cosas de esas que un seguro no cubre y un cinturón no salva. En ocasiones, es más preocupante el momento en el que las tiritas se despegan y los moratones duelen. Hablo de unas tiritas sólo aplicables a ese órgano tan resistente, tan efímero, que no se rinde, siempre aguanta hasta el final.
A este órgano, yo creo que no se le puede hablar de remedios casuales. No es de esos de aspirinas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario