"Que el día menos pensado se nos va de casa y ni tan mal" decía siempre mi madre.
"Esta chica tan independiente parece que no tiene aquí nada. Ni novios, ni familia... sólo tiene amigos. Aunque parece que eso es fácil para ella, que le salen de los árboles. Parece que nunca le gustó vivir en el medio de un montón de campo, en una ciudad tan pequeña. No hay más que ver lo que le fascina ´Madrid, Nueva York, los grandes colosos dentro de la gama de las metropolis. Será por gente. Por eventos. Por museos. Con lo que a ella le gustan esos lugares. Nunca fue mucho de discotecas. Siempre le apasionaron los pequeños bares. Esos de siempre, donde la tabla de precios no cambia. Donde hay papel en el váter. Con un montón de quinquis y rastajaris. Esa gente no me gusta, pero sacan muy buenas notas."
Ahora, esa chica que dice que soy mi madre, vive en medio del campo, pero con vistas a la montaña. Ahora, vive con un montón de gente, perroflautas y rastajaris como todos, según ella. Ahora, sale por las discotecas, escucha música muy rara. La ha dado por escuchar clásica, guitarras, chicos de voces desgarradas, pinta de yonkis, esa gente que invoca a los 80 sin saber ni haber vivido esa época. Habla compulsivamente de un tal Cobain, que al parecer se suicidó.
La ve una vez cada dos semanas, entonces llega, revoluciona todo y se marcha de fiesta. El cambio que ha dado la ha ayudado, un montón, es mucho más responsable. Pero sigue necesitando asistir a los bares pequeños. Cuando vuelve, es mucho más ella. Yo no se qué tendrán esos amigos. Es como si cada vez que les viese se enamorase. Simplemente, es feliz.
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