lunes, 6 de junio de 2011

Hospitales, que no Hospitalet.

Y te encuentras donde siempre, pese a todos los esfuerzos por haber cambiado, viendo los teletienda que te programan en la tele, viendo, como pasa el tiempo en esta caja de cartón en la que se ha convertido tu vida.
Es eso de "venga, que te están pagando los estudios", pero tú sólo quieres que te paguen el caro trance de  aprender a vivir.
Eso de que la vida está para saltar barreras y correr delante de la poli... eso digo, que yo quiero. Tomar riesgos inasumibles, que la gente te mire como si fueses de otro planeta, pero de verdad. Que hoy marches, sin maleta ni decencia, a ver qué depara el futuro. Nada de sentarse a esperar. 
Me he cansado de escuchar I wish you were here, que los deseos no se esperan, se persiguen. Que cuando pensáis en aquí, yo pronuncio un ahora, manejo la hipótesis de no vivir en el mismo sitio en todo momento. El tiempo se llevó mi momento, pero yo me llevé el reloj. Para pararlo en el descanso entre carrera y carrera, sentarse al sol y comer el cocido de mamá. 
Para ser quien somos los domingos. Pijama y mala cara, a mí que nadie me mienta. Todos tenemos nuestro mal día, todos nos perdemos más de dos veces a la semana. 
Que llorar esté homologado más de una vez al mes. Sino, se encasquilla el motor y no hay manera de tirar para adelante. 
Que las ruedas, estén más gastadas que los tacones. Nada de caras de plástico con sonrisas hinchables. No más risa en estéreo. Que no se oiga, lo tapará el ruido del camino. Este es mi mandamiento. Este es mi destino.
Vivir, de aquí en adelante, como si los sueños muriesen a cada segundo. Desesperadamente real, será cuando todo lo conseguido sea poco satisfactorio y en su mayoría equivocado. Pero al menos, no se quedará el regustillo de no haberlo intentado.


Atras quedan los días en los que The Scorpions te amargaban la tarde. Ahora puedo vivir con ese sonido, Rock you like a hurricane, pero porque prometo ser yo tu tormenta.
Quizás me cambie el nombre, quizás me dé por perder, seré el viento que ondea fuerte cuando llega la tormenta. Quizás deba cortarme el pelo y sentarme a que me peinen. O quizás quede mejor una sonrisa despeinada, de ir en contra de los vientos
Un estado emocional más cambiante que la marea de Gijón, un electrocardiograma de infarto, una lucha contra los años. Morir con flequillo, tras una apasionante vida, compleja. 
Te haré reír por la persona que tú eres. Nada acerca de como seremos de viejos, pues sólo es viejo lo obsoleto, aquello sin función a esas edades, prometo que me quede cuerda para rato. Será un continuo quién dijo miedo, habiendo hospitales. 





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