sábado, 4 de junio de 2011

Esta película es de esas que tienen un final sorprendente. De esas en las que tienes que levantarte y pegarte una vuelta para asimilarla.
Esta película habla, por sí sola.
Esta película se escribe en silencio, frente a un papel mojado.
En esta película, no se necesitan extras, porque todos sobran. En esta película, los actores ya no actúan, sólo sienten.
En esta película, la vida pasa deprisa, pero los besos se dan despacio.
Las escenas son en plano detalle, para que los sueños puedan reflejarse. Los colores son oscuros, para que la luz sea mucho más contundente.
En esta película, los músicos han encontrado su hueco. Se ponen al fondo, a la derecha, para dejar sitio al corazón. En esta película, no hay princesa, ni principe. Son todos escombros. Son todos de verdad.
Por que nada brilla más que lo que vemos alejarse. Y a los gatos, les gusta lo brillante. Por eso los tejados se llenan hoy de espectadores. Por eso, la vida tiene diferentes sabores. Es como un helado de esa tienda, especial, diferente. Pero este se paga con sueños. La vida es un dulce por que hay sueños. La vida es una película porque actuamos acorde a ello.
La vida, es así. Como tú quieras verla. Yo no voy a discutir respecto a eso. Pero para mí es una película basada en un helado de caramelo. Demasiado empalagosa en ocasiones. Demasiado dulce, en otras.

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